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karina frias

Narrativas compartidas para transformar territorios

Por Karina Frías ¹  (…) se da cuenta de la importancia de un arte vinculado a sus circunstancias inmediatas, que genere sus propias reglas técnicas, que regule sus modos de circulación, que permita desarticular los discursos dominantes y ofrecerse como alternativa frente a la cultura hegemónica.                                                           Soledad Schönfeld ² Cruzar la línea, correrla, pensar más allá de los paradigmas tradicionales del arte contemporáneo, o tal vez volver siempre al inicio. Si el arte colaborativo y el arte colectivo comparten raíces y metodologías, también nos invitan a pensar en los modos de producción y  en sus prácticas. Estas dos miradas resaltan el potencial de generar dinámicas sociales que transforman a quienes participan, a los territorios y a los espacios donde se realizan. Aproximarnos a las prácticas artísticas compartidas es una invitación a mirar la acción conjunta como una forma de creación, incorporando un enfoque relacional y dialógico que expande fronteras de la estética hacia territorios sociales interdisciplinares. Arte colectivo y colaborativo son espejo y herramienta: reflejo de las tensiones sociales (locales y globales) e instrumento para la manifestación. La participación en la creación de estas formas artísticas democratizan la obra y nos obliga a pensar en las condiciones de producción propias de los territorios geográficos, de cómo impactan en la metodología del trabajo, pero también cómo los márgenes de lo imaginado quedan explicitados. Tal vez sobra decir que la historia del arte colectivo está marcada por diversos y múltiples movimientos políticos y sociales sobre todo en los años 70 y 80 en donde el espacio público se convertía en el bastidor de obras colectivas. Estos colectivos comparten una visión común como la acción surgida en el año 1985 de la mano de Cleve Jones ³ que encarga a amantes, amigos o familiares de fallecidos a causa del sida, paneles textiles de 91x182cm, con los que realiza The names, edredón exhibido por primera vez en Washington durante la Marcha Nacional por los Derechos de Gays y Lesbianas de 1987.  Hoy esa obra cuenta con más de 45.000 fragmentos de tela con mensajes intervenidos. Como acto complementario, el arte colaborativo reivindica el proceso. Sean artistas o no, quienes participan de este tipo de obra acompañan e intervienen hasta el momento de cierre de la producción colectiva. En este punto, se hace necesario citar a autores como Claire Bishop ⁴  y Grant Kester ⁵ que dedican parte de su obra a debatir las tensiones entre estas dos vertientes. Si Bishop pone énfasis en cuestionar cómo el arte colaborativo prioriza la inclusión y descuida la calidad artística, Kester insiste en la defensa de que el proceso puede ser en sí mismo una obra de arte. Así, el arte colaborativo no sólo trasciende el objeto sino que además lo resignifica como un espacio de interacción social. Territorio y modos de producción El arte colaborativo no surge en el vacío, nace influenciado por las condiciones materiales y sociales de los lugares en donde se desarrolla. La ruralidad marca claramente la disponibilidad de recursos locales. En esos espacios la transmisión de saberes tradicionales forman parte del hacer colectivo y se traducen en las prácticas artísticas. Como contrapartida, los entornos urbanos, el acceso a la tecnología y la diversidad de la circulación de obras en múltiples espacios puede modificar la forma en la que una obra colaborativa tiene origen.  Estas distinciones no pueden pasar desapercibidas porque constituyen la obra misma. Son la obra. Seleccionar los materiales con los que se va a trabajar, sean fibras naturales o desechos plásticos, responde a la disponibilidad pero también al diálogo con las narrativas locales. Así, cada pieza es un testimonio de su entorno, se enfrenta con el desafío de adaptarse al territorio y buscan integrarse en las dinámicas culturales, económicas y sociales de cada lugar. Esa es tal vez una de las mayores fortalezas del arte colaborativo: transformar territorios diversos, ya no entendiéndolos sólo como espacios físicos sino como verdaderos paisajes bioculturales. Es en estos proyectos donde la naturaleza, la cultura y la historia local se cruzan, se tejen para generar experiencias que honran los saberes situados. Cuando el arte colaborativo se inserta en contextos específicos, abre nuevas posibilidades para repensar la práctica artística con su entorno. Se constituye así como una herramienta crítica para crear conexiones profundas entre el lugar y sus habitantes. No es mi intención romantizar esta práctica (aunque debo confesar que las experiencias propias tamizan mi mirada). Claro que el arte colaborativo posee amantes y detractores. Algunas preguntas que despiertan la crítica tienen que ver con la instrumentalización: ¿hasta qué punto realmente estas prácticas desafían estructuras? y dentro de la dinámica del trabajo ¿todos los aportes tienen el mismo peso?¿quién lidera y quién sigue? solo para usar algunos disparadores que nos inviten a la reflexión de la práctica. “La vida es una unión simbiótica y cooperativa” dijo Lynn Margulis ⁶ y aunque lo afirmó en su estudio sobre las células, lo quiero traer como analogía sobre el arte colaborativo que se reproduce con otros de manera solidaria. La invitación es a pensar nuestras prácticas creativas como espacios para co-construir mundos más inclusivos, sostenibles y humanos en donde todo comienza con el acto de imaginar de manera conjunta. ¹ Karina Frías es Presidenta de la Fundación Red de Gestión Cultural colaborando en distintas ediciones de Mercado de Arte Córdoba con ZONA RED, un espacio de visibilización de artistas de la provincia de Córdoba.Gestora del estudio de Diseño textil FH quienes coordinaron el bordado colectivo del Manto Federal en dos ediciones en Córdoba. El Manto Federal es una obra colaborativa textil que circuló por distintas provincias de Argentina. Desarrollaron “Il Banchetto”, una obra textil colaborativa en la localidad de Etruria con el aporte del Instituto Italiano Di Cultura, constituyéndose como la primera pieza de patrimonio de éstas características en un museo local.En 2024 el Estudio FH es co-creador del proyecto “Rondas” junto a Alejandra Pedernera, Adriana Peñeñory y Milena Correas en donde indagan sobre los modos de producción colaborativo, la hibridación y los métodos de trabajo conjunto. ² Soledad Schönfeld

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Plataformas de streaming, ¿democratización o destrucción del cine?

Por Julie Aiello¹  Las plataformas de streaming se han constituido como uno de los principales canales de entretenimiento de los últimos 10 años. Con la televisión desplazada de los hogares y la institucionalización de internet, los servicios de streaming han tomado preponderancia a la hora del consumo de producciones audiovisuales. Por supuesto que las redes sociales también son un vehículo clave para estos consumos pero, si hablamos de cine y series, las salas se han vaciado considerablemente, los videoclubes se han extinguido y son cada vez menos las personas que deciden pagar el servicio de televisión por cable. Vale aclarar que estas apreciaciones podemos hacerlas sobre todo entre las clases medias y altas de nuestro país, dado que el requisito mínimo para acceder a plataformas es tener una tarjeta de crédito. Entonces, ¿qué ofrecen las plataformas que han logrado desplazar a medios tradicionales y han captado a millones de espectadores? Las respuestas son varias y una de las principales es la accesibilidad. Por un precio razonable, las personas pueden acceder a miles de propuestas de series, películas y documentales que están pensadas para agradar a la mayor cantidad de público: algunos títulos de cine clásico para el más curioso, títulos infantiles para que los niños reproduzcan una y otra vez, estrenos exclusivos, películas que pasaron por los cines recientemente y más. Otra de las “virtudes” de las plataformas de streaming es que el suscriptor tiene la ilusión de tomar todas las decisiones: desde la cantidad de capítulos que consume de una serie hasta la posibilidad de convertir un film en una serie frenándolo y viéndolo en partes. Además, las contingencias del momento suelen sobreponerse al visionado: ir al baño, ver el celular, buscar algo para comer, recostarse, quedarse dormido y más actividades que se dan en la intimidad del hogar.   Sin embargo, hablamos de “ilusión” porque hay muchas decisiones que no estamos tomando como espectadores y nuestro gusto cinematográfico está cada vez más estandarizado. Los porcentajes que nos ofrecen para hacernos creer que ese algoritmo realmente nos conoce, están atados a campañas de marketing en torno a los films y series que deben estar en primera plana. Por supuesto que esto también sucede en las propias salas de cine y también sucedía en los videoclubes, pero “esta película es 99% para ti” propone la creencia de que esa plataforma conoce nuestros gustos -una aseveración digna de Black Mirror-. La contracara de estas propuestas es que los espectadores suelen pasar horas navegando entre la sobrepoblación de contenidos, muchas veces sin llegar a elegir nada; y muchas de las veces en las que eligen se sienten frustrados por haber visto un contenido ya digerido, similar al de la comida congelada y ultraprocesada que encontramos en los freezers de los supermercados. Por otro lado, la experiencia el visionado está en parte dominada por el espectador y esto implica una idea que podríamos encontrar en cualquier historia de ciencia ficción: la posibilidad de intervenir una obra de arte que nos ha sido entregada para consumir de otro modo… la verdadera expresión de la posmodernidad. “La película me dejó tan angustiada que cuando la terminé vi nuevamente el comienzo para no sentirme tan mal”, me dijo días atrás una amiga. Así, el impacto emocional de dicha película, queda disuelto en la posibilidad de modificar la experiencia. Entre las transformaciones negativas que registra la proliferación de plataformas es el vaciamiento de las salas de cine y la estandarización de nuestro gusto. Mientras muchas personas eligen la comodidad del hogar, la experiencia del convivio dentro del cine queda a la deriva y -pueden comprobarlo con sus amistades- todos terminamos viendo y hablando de lo mismo, a pesar de que la plataforma nos aseguró que ese film estaba pensado para nosotros. El origen del séptimo arte comprende el consumo popular del arte: el encuentro con otro desconocido, la experiencia de compartir emociones, incomodidades y apostar a la actitud contemplativa del espectador. En detrimento de las creaciones de directores y directoras, las películas se adaptan al formato de pantallas de televisores, tablets, computadores y hasta celulares, dejando de lado que esos films fueron creados para las dimensiones específicas de pantallas de cine y sus respectivos sistemas de sonido. No se trata de un fundamentalismo, sino de la conservación tanto de prácticas socio culturales como de respeto a la obra. La experiencia de la sala de cine es indudablemente irremplazable y los estudios cinematográficos apuntan cada vez más a reforzar esta idea. Una prueba de ello fue el fenómeno de taquilla de 2023 que representó el estreno simultáneo de Barbie y Oppenheimer. El evento cinematográfico impulsado por internet que fue conocido como “Barbenheimer” llevó a los espectadores de vuelta a las salas y devolvió el sentido de pertenencia mientras los espectadores se posicionaron en apoyo a uno u otro film, llevaron vestuarios temáticos para asistir al cine y crearon una experiencia similar a la de los fenómenos cinematográficos de la década del ’80. La nueva apuesta de Marvel, Deadpool y Wolverine también se presentó como un rescate de las viejas tradiciones del cine y así consiguió ser la película con una calificación R más taquillera de la historia. Volver al cine es, actualmente, un acto de resistencia. En lo que respecta a la cinematografía nacional, también es un acto de apoyo dada la coyuntura. Podemos aprovechar y gozar de las comodidades que las plataformas nos otorgan aunque no caer en la trampa de que estamos viviendo dentro de la Biblioteca de Babel ni de que somos los artífices de nuestras decisiones; de hecho estamos cada vez más igual a nuestros pares y a los que los medios de comunicación ponderan. Solo basta sentarse en la butaca de una sala a oscuras con desconocidos que nos rodean para recordar que las películas fueron hechas para verse de esa manera y que pagar esa entrada sí es nuestra decisión. Podrá sonar romántico y anacrónico, pero el propio cine y literatura de ciencia ficción nos han enseñado que no todo “progreso”

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Jana Fanjul

Hijas del Arte Federal

Por Jana Fanjul¹  En 2019, lanzamos «Embajadorxs Hijas del Arte», una especie de experimento para armar una red federal de artistas y gestores culturales. Fue una locura al principio, 45 personas se sumaron de todo el país. Nos salió bien, pero éramos muy amateurs. El proyecto se fue diluyendo, como todo lo que empieza con más ganas que estrategia :). Igual nos quedó algo claro que es que había que seguir. En 2022, con el subsidio de la Fundación Williams, volvimos a intentarlo con «Hijas del Arte Federal». Esta vez con una propuesta concreta de streams mensuales, donde hablamos los problemas y las posibles soluciones de la cultura.Concretamente lo que hacemos en Hijas Federal es crear conexiones. Queremos ser ese nexo entre gestores, artistas y curadores jóvenes. Juntamos gente de todo el país para hablar, colaborar, y, sobre todo, tratar de sobrevivir en este contexto. Ya somos más de 29.000 en nuestra comunidad virtual y estamos empujando para que el arte contemporáneo no sea solo para el nicho de siempre. Lo hacemos con tecnología, redes, aliadxs estratégicos, pero sobre todo con ganas de romperla porque acá lo que mueve es la buena energía y las ganas de trabajar. De lo macro a lo micro Los proyectos culturales son como cubistas, con un montón de lados de observación. Es un dispositivo, un sistema que junta objetivos, actividades, herramientas y todo lo que encontramos a mano para ver qué sale. No sé si se entiende, es un fenómeno. Y en Latinoamérica, más que en ningún otro lado, nos asociamos casi por necesidad, porque en el contexto siempre falta algo.¿Estamos inventando una nueva forma de ver las cosas? No sé si tanto, pero sí una actualizada. Con la tecnología, nos movemos rápido. Comunicamos, promocionamos, medimos. Todo en IRL (en tiempo real).Ojo que en Hijas Federal también jugamos. Pero no es el juego así nomás, es el de imaginar un futuro que todavía no existe, mientras intentamos mantener la seriedad que todo juego pide. Con Vic Storni por ejemplo nos reunimos dos veces por semana, todos los días chateamos, pensando qué hacer para que esta red no se caiga. Es un desafío mantener una red engaged. Por eso nos hacemos cinco preguntas clave: ¿Qué deseamos? ¿Qué queremos que ocurra? ¿Cómo lo gestionamos? ¿Cómo pasamos de la queja a la acción? ¿Cómo medimos si las cosas están yendo bien? Porque cuando nos asociamos, se activa todo. Vemos mejor lo que la escena necesita. Eso es la gestión cultural en red. No es solo cuestión de contactos directos, también hay alianzas invisibles, ese conocimiento que compartimos entre los Federales. Nos afectamos, nos influenciamos. Y eso tarde o temprano va a hacer eco en toda la escena artística nacional.Para nosotras Hijas Federal no es solo un proyecto más. Es una bomba de tiempo. Estamos innovando lo conocido, llevando a cabo un espacio donde las conexiones generan otras realidades. Y eso, esperamos, va a cambiar las cosas. ¹ Jana Fanjul es gestora y marketer cultural. Asesora artistas y galerías en estrategia de carrera, ventas y posicionamiento online. Colabora con Martín Bauer en las redes sociales del Festival No Convencional, y es socia en Academia 4’33’’, una plataforma de educación en artes contemporáneas. También brinda asesoramiento a Talenta Galería, a Pólvora, y a más de cuarenta artistas mensualmente en temas de carrera y organización. Además de dirigir Hijas del Arte, cofundado en 2018 con Gabriela López, recientemente obtuvo un subsidio por la Fundación Williams para desarrollar “Hijas del Arte Federal”, que tiene como objetivo crear una red federal de gestores culturales. En Espacio Hijas del Arte, se centra en la visión, dirección y administración, junto a Victoria Acosta y Victoria Storni como curadoras. Como pequeña coleccionista, promueve la compra activa de arte emergente argentino.

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nahuel sanchez tolosa

Prácticas Artísticas Contemporáneas: Algunas ideas y posibilidades sobre nuestro hacer sensible

Por Nahuel Sanchez Tolosa¹  Sin lugar a dudas, desde el contexto actual del arte contemporáneo, parte de nuestro trabajo es imaginar y llevar adelante prácticas sensibles más allá de la producción de objetos aislados. Las prácticas artísticas, según el Manual de Buenas Prácticas² para las Artes Visuales, implican un ejercicio creativo individual, colectivo o colaborativo que genera obra, conocimiento, investigación, entre otras. Esta breve definición proporciona cierta claridad para interpretar y analizar todo lo que se está haciendo y lo que estamos observando en las diversas institucionalidades vinculadas al arte contemporáneo, abarcando todos los lenguajes que lo componen.  En este sentido, consideramos que expresar, proponer o esbozar ideas sobre las prácticas artísticas de las cuales formamos parte, es un acto político. Detenernos a reflexionar sobre esto, en un mundo complejo y cambiante, implica un gesto de autocuidado al reconocer que nuestras prácticas no están desvinculadas de los acontecimientos sociales, culturales, políticos, ambientales y económicos. Sin duda, estas prácticas se ven afectadas, pero también poseen la capacidad de afectar a la comunidad en la que se erigen.  Entonces, ¿por qué hablar de prácticas artísticas?  Desde nuestra perspectiva, las prácticas artísticas no reducen el hecho artístico únicamente al acto creativo; por el contrario, ingresan a un flujo simbólico donde dialogan y tensionan con otros discursos. Estas prácticas ocurren en un contexto específico e involucran a diversas subjetividades, tanto aquellas que se son parte como aquellas que son ajenas al ámbito, pero que contribuyen a la definición de sentidos que circularán en torno a lo observado, apreciado, experimentado, etc. Las prácticas artísticas se conciben como un acto compartido, implican necesariamente el trabajo con otra persona; al menos en algún momento del proceso creativo, alguien más que uno mismo interviene en lo que estoy expresando, en aquello que estoy construyendo.  Por eso, consideramos que las prácticas artísticas son colectivas. Aunque el arte no sea ajeno a un sistema mediado por el mercado y por los gestos de la individualidad, todo lo que hacemos implica, en mayor o menor medida, colaborar con otras personas. Por lo tanto, repensar aquello de lo que somos parte nos introduce en un ejercicio de auto-reflexividad en pos de aportar y complejizar la escena artística que construimos a diario. Establecer dinámicas de escritura, lectura y conversación acerca de nuestro trabajo permitirá la creación de entornos laborales saludables y cooperativos, configurando así propuestas de incidencia en las comunidades específicas donde se desarrollan las prácticas artísticas. ¿Es posible imaginar otros formatos, espacios y movimientos para nuestras prácticas artísticas?  Ante este interrogante podemos decir que sí: estamos asistiendo a una agitación cultural que propone otras maneras, otras poéticas, otras relaciones. Los escenarios con los que convivimos desde estas latitudes nos indican que las prácticas artísticas poseen y desarrollan un complejo entramado de adaptabilidad a las circunstancias, condiciones y recursos con los que cuentan para el desarrollo creativo. En consecuencia, identificamos al menos tres variables desde donde analizar y reflexionar acerca de lo que está sucediendo con nuestras prácticas artísticas actualmente en nuestro contexto más inmediato. En primer lugar, en términos de formatos, encontramos un gran desarrollo de ferias, festivales y exhibiciones duracionales que aparecen como nuevas maneras de mostrar, compartir, intercambiar y disfrutar de la producción sensible. Estos formatos, han ido ganando terreno en las diferentes escenas de la región, promoviendo estrategias de autogestión, reciprocidad, transacción, divulgación, difusión, intercambio y sociabilidad con audiencias cada vez más heterogéneas. Representan otras formas de democratización de las prácticas artísticas al ofrecer formatos más accesibles, cercanos y afectivos en comparación con aquellos más canónicos e institucionalmente legitimidados, que por diversos motivos construyen perfiles de espectadores más acotados o específicos. En segundo lugar, surgen los espacios que favorecen la realización y vitalidad de estos formatos, al poner a disposición recursos espaciales, materiales y tecnológicos. Se trata de aquellos que configuran dinámicas de trabajo que habilitan el ejercicio activo de prácticas artísticas. Aparecen aquí los laboratorios, las galerías expandidas, las plataformas virtuales, entre otros, en tanto espacios analógicos y digitales donde suceden una gran multiplicidad de hechos artísticos. Respecto a esto, podemos entenderlos como lugares dotados de recursos humanos, técnicos y tecnológicos mediados por metodologías y herramientas que tienen como objetivo principal la experimentación, el intercambio, el aprendizaje colectivo y el desarrollo colaborativo de proyectos, dinámicas, redes, etc. Las poéticas que emergen a partir de estas nuevas espacialidades se acercan mucho más a las sociedades y sus problemáticas, proponiendo espacios de diálogo, discusión y encuentro entre agentes del arte y la comunidad. En tercer y último lugar, encontramos movimientos que pueden adquirir nuestras producciones y prácticas. Aquí surge la idea de desplazamiento y la disolución de la frontera geográfica como acciones inherentemente vinculadas a las prácticas artísticas contemporáneas. En relación a esto, observamos el incremento de estrategias y modalidades para la producción y circulación más allá de la escena que habitamos. Desde la pandemia en adelante, asistimos a un tecno-paisaje que nos permitió interactuar con diversos actores del ámbito artístico, trascendiendo los límites topográficos establecidos. La comunicación remota potenció el ejercicio y la activación de proyectos colaborativos que no implicaron necesariamente estar en un lugar fijo, diluyendo así la idea de frontera que, en muchas ocasiones, era un límite en el alcance de la producción artística. Estas operaciones y nuevas articulaciones de movimiento dieron lugar a prácticas artísticas nómadas e intermitentes que se expanden más allá del territorio de origen. Ponerle algunas palabras a nuestro trabajo artístico implica movilizar imaginarios y opiniones, pero también constituye un ejercicio necesario para promover la escritura como un acto político y como la evidencia de nuestro hacer. Es fundamental, entonces, que podamos dialogar y escribir sobre lo que estamos haciendo, de aquello que estamos atravesando y configurando en la escena contemporánea. Conocer nos permite valorar y valorar nos permite proteger y defender la cultura ante el inminente desmoronamiento del campo cultural en los tiempos que nos toca habitar. ¹ Nahuel Sanchez Tolosa es Artista Visual, Gestor Cultural y Profesor de Artes Visuales en diferentes niveles educativos. Profesor Superior en Artes Visuales, Licenciado en

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La cultura es hospitalidad

Más arte para tiempos de hostilidad

Por Flor Gauna¹  Ese sábado, Guillermo se levanta más temprano de lo normal a pesar de haber dormido poco. Estuvo embalando un puñado de pinturas del último año después de debatirse largamente qué selección hacer:  primero elige las que más le gustan a él aunque termina separando aquellas que están en mejor estado, además de la única que había podido enmarcar con el presupuesto disponible. En todo ese proceso, desde que le confirmaron su participación en la feria hasta esa mañana, nunca evalúa de cuál pieza estaba dispuesto a desprenderse, ni por cuánto, mucho menos si alguna era susceptible de ser adquirida, valorada o al menos admirada por un tercero.  Yo soy con otro y en el otro, sostiene Emmanuel Lévinas² en su Ética de la alteridad (o el neologismo de moda: LA OTREDAD).  Ése otro me complementa y me hace ser YO.  ¿Acaso no es esa la relación fundamental en el arte contemporáneo? ¿en el arte en general?.  Y continua Lévinas: esa complementariedad que es el otro, implica una diferencia entre nosotros³,  abre así la ventana al infinito de posibilidades que son todas las miradas, percepciones e historias posibles de aquellos -que se someten a la obra,  en este caso – versus la idea de totalidad, que implica un elemento (o un ser), completo, autosuficiente, inmutable e impermeable a todo. Lévinas desarrolló una profunda reflexión sobre la ética de la alteridad poniendo a la relación e incluso responsabilidad hacia el otro en el centro de la escena,  y en esto – debo decir- hay mucho arte.  Guillermo mete como puede los sobres caseros de distintos tamaños en una caja  junto con el cuadro, y se toma el bondi rumbo al predio de la feria. Durante los 40 minutos de recorrido piensa en pendientes, en la guita, en la facu, tanto que le sorprende encontrarse con un montón de otros y otras en el Centro Cultural, de repente un escudriño ajeno que no había considerado se hace patente. Con bastante incomodidad, el artista cuelga rudimentariamente sus piezas en el espacio asignado y, a medida que quedan en su ubicación final y sus pares van con paso apresurado para acá y para allá arrastrando sus propias creaciones, algo pasa: las piezas de Guillermo se desprenden de sus brazos, de su refugio, de su hábitat cómodo y resguardado y pasan a ser del resto, de todos, menos de él.  Y es que mientras más procuramos desentrañar la definición de ese otro, más lo desotramos, buscando definiciones y percepciones que son de MI mundo y cosmovisión y no de la ajena. Allí la particularidad del arte: artista y observador/visitante/consumidor hacen las veces y en simultáneo de  intérprete en sus dos acepciones y se abre un espacio único que ambos comparten, en el que todas las historias, intenciones e interpretaciones son posibles. La empecinada definición del otro lo hace débil y le quita la posibilidad de ser infinito.  El arte,  por su parte,  se la conserva y le da así a ese extraño la capacidad de ser libre.   El arte es hospitalidad. La hospitalidad es la cualidad de acoger y agasajar con amabilidad y generosidad a los invitados o a los extraños. “Hospitalidad” se traduce del griego filoxenia, que literalmente significa “amor a los extraños”. Nos aporta con gentileza Wikipedia. Curiosamente la palabra comparte raíz con HOSTILIDAD – aquí vale una advertencia para quienes conformamos el mundo y las lógicas del arte: ojo con la frontera entre hospitalidad y hostilidad que muchas veces se nos hace un tanto difusa,  la dislexia no es excusa-. La hostilidad es la manifestación de la desotración, el empecinamiento por buscar que el otro deje de ser ese y sea más como yo. La imposibilidad de entender que la definición y el valor de la alteridad es la diferencia.  El arte, presenta aquí una alternativa: la creatividad dispuesta a esos otros, propone una conversación y se constituye naturalmente hospitalidad en sí misma. Ese convite al intercambio es para toda persona que quiera participar del juego y puede derivar de manera válida en el tema que sea, las sensaciones que surjan, cualquier deseo,  impulso, reacción es válida frente a la invitación.  Otra curiosidad etimológica- prometo que es la última-  es que HUÉSPED, otra palabra de la misma familia, se refiere tanto a quien acoge como a quien es acogido. Huésped es el aloja y huésped es el extraño que visita. Y esa también es la dinámica del arte, en el que quienes están creando son a la vez habitados y definidos en la mirada de aquellas otras personas que mientras tanto viven, interrogan, interpretan esa obra.  Guillermo observa la escena como un extraño y casi no reconoce esos objetos propios que hasta hace unos minutos cargaba y acomodaba. Cada pieza crece y se transmuta ante la mirada ajena y él siente que se transforma y se hace más grande con ellas.  En el arte el OTRO es la pieza  fundamental.  Es enorme, es bienvenido, reconocido como constructor, como parte de la obra, como un valor en su diferencia.  En el arte se recibe al extraño, al invitado. La cultura es hospitalidad, es afecto, es ser huéspedes unos de otros, allí se disfruta de una conversación entre divergentes y se entiende el valor vital de lo que ello significa. Más cultura, más arte, más otrxs.  ¹ Flor Gauna es Gestora Cultural y docente. Dirige el espacio 220 Cultura Contemporánea y es socia fundadora de Capital Creativo, estudio de Gestión Cultural. Es parte del equipo de Instituto Cultura y colabora en la gestión y producción de múltiples proyectos culturales independientes y como asesora de políticas culturales de organismos públicos y privados. Licenciada en Comunicación Institucional y Maestranda en dirección de negocios. ² Emmanuel Lévinas (Kaunas, 12 de enero de 1906-París, 25 de diciembre de 1995) fue un filósofo y escritor lituano de origen judío. Desarrolló su trabajo en Francia e Italia, con breves estancias intelectuales en Austria. Consagró además su vida y su obra a la reconstrucción del pensamiento ético después

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arte local

Compra local, un concepto poderoso

Y si te digo que cada vez que compras una obra a un artista local se incrementan las soluciones, ¿me crees?.Hola, soy Natu Brondello y suelo estar en el detrás de escena de proyectos lindasos de #ArteCba. Hoy vengo para contarles sobre la economía local y cómo cada unx desde nuestro espacio podemos hacer mucho, (muchíiiisimo) para fortalecer nuestra diversidad cultural (y biológica, claro) ¿cómo? Pasando de global a local. Todos los datos y conceptos expuestos en éste video surgen de @pinelatam una Diplomatura en Nuevas Economías que tuvimos el gran placer de cursar. Nos basamos en las clases de #AnjaLyngbaeck de @localfutures_ referente en la localización. Recomendamos todo, todo, todo lo que nazca de este gran refugio que fue PINE. Éste es un tema enorme y si les copa podemos hacer una parte 2. Pero, para quien esté copadx, les dejo algunos datos más por acá: La localización es una herramienta muy fuerte, que por supuesto, nos invita a re-pensar toda nuestra economía más allá de los consumos culturales y del arte. La idea es “devolver la economía a una escala humana”. Es construir estructuras económicas que permitan que los bienes y servicios que una comunidad necesita se produzcan local y regionalmente siempre que sea posible”. Y claro, que la localización no se trata de acabar con nuestro comercio exterior. Pero sí, se trata de re-pensar cómo nos abastecemos, qué proyectos apoyamos y qué actores sociales, (entre ellxs, la comunidad artística) re-significamos y traemos como grandes generadores y reproductores de nuestra identidad.  Hay un montón de grises y es difícil competir con los precios bajísimos de las grandes cadenas de producción, o como vimos en éste caso, de decoración. Pero, hoy nos traemos para dejar más preguntas que respuestas y por supuesto para invitarles a construirnos en red, como siempre hacemos desde nuestra casa, que es el arte y que es Córdoba.  

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Más allá del MAC

¿Cuáles son los planes para el futuro del arte y la cultura en Córdoba? Desde Arte Cba estamos y estaremos siempre en contra del destrato que se sufre en los ámbitos culturales locales y nacionales. Más aún cuando proviene de sectores que deberían cuidarlo, fomentarlo y fortalecerlo. La suspensión del MAC (Feria Mercado de Arte) organizada por la Secretaría de Cultura de la Municipalidad de Córdoba y coordinada con la Agencia Córdoba Cultura, fue irresponsable, como ya han señalado otrxs compañerxs y colegas; deja en evidencia el valor que se otorga a nuestra cultura. Sin embargo, queremos aprovechar éste debate para hacernos varias preguntas más: ¿cuáles son los planes del sector público para enriquecer nuestro ecosistema a corto y largo plazo?, ¿existen espacios para el intercambio entre el gobierno provincial, municipal y la comunidad artística?, ¿cómo podemos desde nuestro lugar hacer algo para generar sinergias con las políticas públicas?, ¿cuáles son esas políticas?, ¿qué presupuesto se destina a fomentar el arte? Nosotrxs no lo conocemos y a partir de ese desconocimiento también surge la desintegración, que siempre es funcional a unxs pocxs. Nuestra solidaridad con todxs lxs trabajadores afectados, sobre todo, en esta dura época que estamos atravesando. Arte Cba siempre será un espacio para hablar y debatir desde la diversidad de voces, sin embargo, queremos aclarar que ésta es una opinión individual y abierta a nuevas miradas. Lxs leo, hablemos. Nico Riofrio. 

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